Fundación Naturaleza Argentina

Ansenuza como aula abierta: educación ambiental para transformar el vínculo con la naturaleza

El Centro de Interpretación de La Para fue el escenario de cinco jornadas de capacitación que reunió a más de 500 docentes de distintos puntos de la provincia de Córdoba.

En la llanura infinita de Ansenuza, bajo un cielo de impactantes amaneceres y atardeceres, nos congregamos en torno a distintas actividades de formación compuestas por dos modalidades: una teórica y otra práctica. Bajo el título “Ambiente, Sostenibilidad, Economía Circular y Territorio” se llevaron a cabo, entre abril y agosto de 2026, cinco jornadas de capacitación docente. 

Una propuesta impulsada por la Dirección de Educación Ambiental; la Subsecretaría de Recursos Naturales y Áreas Protegidas y la Secretaría de Economía Circular y Empleo Verde de la Secretaría General de Ambiente, Economía Circular y Biociudadanía; con el acompañamiento del Ministerio de Educación.

Este territorio integra un mosaico de ambientes que incluye un ecosistema único de más de un millón de hectáreas; conformando uno de los humedales más grandes de Sudamérica. Declarado sitio Ramsar en 2002 y Parque Nacional en 2022 —hito clave en el que Fundación Naturaleza Argentina participó—, alberga más del 60% de las aves migratorias de Argentina, además de otras especies emblemáticas como el ñandú y el aguará guazú. 

Un área protegida es mucho más que un espacio de conservación: es un territorio vivo donde se entrelazan la biodiversidad y los modos de vida de las comunidades que lo habitan. Nuestro enfoque propone que trabajar en y para las áreas protegidas implica no solo conservar la naturaleza, sino también fortalecer los vínculos entre las personas y su entorno; promoviendo el uso responsable del territorio y acompañando procesos colectivos en defensa del bienestar común.

Por eso impulsamos, a través del diseño y la consolidación de mosaicos de conversación, áreas protegidas como espacios estratégicos que integran los distintos usos y saberes en torno a una visión común. Liderando y acompañando procesos participativos junto a comunidades, gobiernos y otros actores clave para promover encuentros institucionales que fortalezcan las capacidades locales y de gestión en articulación con políticas públicas. 

Los bañados del Río Dulce y la laguna Mar Chiquita conforman el humedal salino más extenso de Sudamérica y el quinto a nivel mundial. Este ecosistema único, de más de 1 millón de hectáreas, es un área de gran valor natural y cultural reconocida internacionalmente. | Foto: Ezequiel Vivas

En esta ocasión, tuvimos la oportunidad de acompañar la apertura de las jornadas docentes y compartir los saberes que nuestros profesionales, en conjunto con las comunidades, forjaron a lo largo de los años sobre la biodiversidad y su invaluable aporte a los territorios. Partimos con un objetivo claro: multiplicar acciones que inspiren a la generaciones futuras a involucrarse en el cuidado del ambiente. 

Conversamos sobre las principales amenazas que enfrenta, para profundizar luego en el rol de las áreas protegidas y el compromiso ciudadano necesario para conservarlas. Esta instancia generó un espacio de intercambio y reflexiones grupales atravesados por una diversidad de conocimientos y perspectivas.

La educación ambiental trasciende las aulas

La respuesta de los y las participantes fue sumamente enriquecedora ya que nos encontramos con docentes que expresaron un enorme interés por la temática y que sostenían la convicción de que la educación ambiental trasciende las aulas. Muchos de ellos compartieron experiencias y proyectos que ya se encuentran desarrollando en escuelas y se extienden a los barrios, involucrando incluso a las familias y que fortalecen el compromiso de toda la comunidad.

El humedal alberga el 66% de las aves migratorias y playeras registradas en Argentina, incluyendo 3 de los 6 flamencos altoandinos del mundo. Además, es hábitat para una amplia variedad de fauna, desde mamíferos poco frecuentes como el zorro de patas negras hasta especies emblemáticas como el ñandú y el aguará guazú.

Durante la instancia práctica, por otro lado, se realizó un trabajo conjunto con los y las docentes; quienes participaron del diseño de propuestas educativas con recursos didácticos para utilizar en las escuelas, adaptándolas a la realidad de cada comunidad.  

Y si bien fueron reuniones de formación, la invitación también implicaba vivenciar el territorio de un modo diferente y transmitir nuevas formas de cuidar la casa común. Por lo que, como cierre de cada jornada, recorrimos las pasarelas de la futura Reserva Municipal “Bahía de Ansenuza”. 

Así, el aprendizaje salió del aula para convertirse en una experiencia vivencial: el descubrimiento de uno de los paisajes más maravillosos de la provincia compuesto por un mosaico de ambientes que incluye ríos, lagunas, monte chaqueño, arbustos salinos, juncales y playas barrosas. Realizamos, también, avistaje de aves migratorias y playeras; percibimos aromas y observamos la gran variedad de vegetación presente en la zona. Un trayecto que nos permitió asombrarnos de la enorme riqueza natural y cultural del lugar; porque entendemos que disfrutar y emocionarnos es parte de la conservación ya que solo cuidamos aquello que conocemos y nos conmueve profundamente.

Una oportunidad para escucharnos mutuamente

Para Fundación Naturaleza Argentina, estas jornadas fueron una oportunidad para conocer los desafíos cotidianos que enfrentan quienes enseñan y pensar de manera conjunta posibles estrategias para seguir fortaleciendo redes de acción colectiva ya que entendemos que los grandes desafíos ambientales solo pueden abordarse a través del trabajo colaborativo.

Compartimos con docentes el camino que Fundación Naturaleza Argentina viene recorriendo, junto a la comunidad, otras organizaciones y los distintos niveles de gobierno, para conservar la región de Ansenuza.

Asimismo, tuvimos la posibilidad de compartir con los y las docentes el camino que venimos recorriendo junto a la comunidad, otras organizaciones y distintos niveles de gobierno para la conservación de la región de Ansenuza. Y demostrar, por medio de ejemplos concretos, cómo la articulación entre diferentes actores genera cambios reales y sostenibles en el tiempo.

Una experiencia que fortaleció conocimientos, vínculos y compromisos

Estamos convencidos de que esta experiencia no solo fortaleció conocimientos sino que forjó vínculos significativos y afianzó el compromiso y el deseo de seguir trabajando en conjunto para la conservación de la biodiversidad. Cerramos este ciclo con la certeza de que cada docente que participó será un multiplicador en su comunidad y que, diferentes actores, podemos construir un futuro mejor para las próximas generaciones.

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